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martes, 20 de agosto de 2013

Un cameo

Uhhhh... ¿Ya ha pasado más de un año desde mi última entrada al blog? Redios, el tiempo pasa volando!

En fin, no voy a decir que he vuelto, como las últimas 5 veces, porque seguramente escribiré esta entrada, la cual será tan larga que acabaré del blog hasta los ovarios y entonces no me volveréis a ver el pelo hasta que algún día muy lejano me aburra, me acuerde de que tengo un blog y me dé por escribir paranoias varias. Y así en un bucle infinito. 

Así que, no diré que esto es un "he vuelto", sino más bien un cameo. Como algunos directores de cine, que hacen cameos en sus propias películas, ¿sabéis? Véase Tarantino, Peter Jackson o M. Night Shayamalan... Y antes de que digáis nada, sí, creo que M. Night Shayamalan es uno de los mejores directores que hay, aunque los críticos de cine se empeñen en decir lo contrario. #HombreYa

Paradme, paradme ya!!! Que me voy yendo por las ramas y al final será demasiado tarde!

En fin, que llevo un año de retraso (en actualizar el blog, no de retraso mental, que os conozco ¬¬), así que será mejor que haga un resumen de lo más destacado (pero un resumen de verdad, no un resumen de esos quijotescos míos, que ya sabemos todos como acaba la cosa).

Como ya dije en este post, estuve 6 meses trabajando como Administrativa en el Ayuntamiento. Pues bien, después de esto, no he conseguido ningún trabajo más. De haberlos haylos, pero es que en muchos de ellos te piden mínimo 3 años de experiencia, inglés, alemán, élfico, carrera de magia en Hogwarts, manejo de monopatín aéreo y conocimientos informáticos nivel Tony Stark.

Parada tampoco puedo estar, porque se me caen las paredes encima. Hace tiempo, cuando me pasaba esto, cogía el tren y me dirigía a la civilización, al centro de Barcelona, a mirar tiendas, para distraerme y pasar el día. Pero es que cada vez lo soporto menos. 

Para empezar en el tren. Pueden pasar 2 cosas: 

1. Que te lo encuentres lleno de guiris rojos como gambas provenientes de Lloret que se van a Barcelona a ponerse hasta el culo de tapas, "paela" y sangría, y a hacerle 298537 fotos a la Sagrada Família, por lo que, para caber ahí dentro tienes que soltar todo el aire hasta quedarte envasado al vacío. 

2. Que esté vacío, escojas tu asiento favorito al lado de la puerta y del baño, pero al rato aparezca el típico pesao que se sienta justo a tu lado. Recuerdo que el vagón y, probablemente el tren entero, vayan vacíos, así que hay unos 200 asientos libres. Pero no. Ese tío, que lleva una semana sin ducharse y que antes de subir al tren se ha trincado un par de carajillos en el bar de la estación, con el consecuente aliento whiskyl, decide sentarse a tu lado.

Nota: un día haré un recopilatorio de los diferentes tipos de entes que te puedes encontrar en el tren, seguro que vosotros también os habréis encontrado con ellos alguna vez.

Pero si tener que aguantar a según qué tipo de gentuza encerrado en un vagón de tren bajo tierra es difícil, andar por la superfície es aún peor, porque te puedes encontrar tanto a los del punto 1 como a los del punto 2...

Por no hablar de los llamados Solidarios Cojoneros. Esos que, cuál halcón, divisan a su presa desde unos 200 metros, y mientras tú intentas huir de ellos, esquivándolos entre los transeúntes, ellos te siguen con la mirada y se van acercando cada vez más a ti, hasta que finalmente te cazan. Son reconocibles porque llevan unos chalecos fosforitos y sujetan una carpetita en la mano. 

La empalagosidad y la simpatía exagerada son sus técnicas de ataque para que caigas en sus redes. Su anzuelo, ese educado: "perdona, ¿tienes un momento?". Pues sí, tengo muchos momentos, por eso estoy paseando por el centro de Barcelona un día de cada día y con una bolsa de la FNAC en la mano. Cosa que no puedes decir porque sino ya te tienen enganchao. Lo mejor es hacer como los erizos o las mofetas, que tienen unas impresionantes técnicas de defensa. Como los erizos, porque les sueltas una púa que se quedan petrificados, sin saber qué hacer, ya que no has sucumbido a sus maravillosos encantos de comercial vendehúmos. Y como las mofetas porque... bueno, en fin, vamos a dejarlo.

Y como éstos, un montón de gente más que no hace más que tocarte los huevos mientras tú paseas tan tranquilo por la calle. Están los lentos (pero lentos, lentos), los que se chocan contigo porque andaban empanaos mirando La Pedrera, los que se paran en el último escalón de las escaleras mecánicas (¿no se dan cuenta de que pueden crear un efecto dominó y la pueden liar parda?), los seguratas de las tiendas que te miran raro porque entras, echas un vistazo rápido de 10 segundos, y te vas (aunque los entiendo, no conozco a ninguna chica que no se pase menos de 30 minutos en una tienda de ropa mirándolo y tocándolo ABSOLUTAMENTE todo. Yo también sospecharía de una chica que no hiciera eso).

Y así, un sinfín más de gente, que si continúo, no paro. Por eso, ahora no voy al centro si no es por necesidad, así que no suele ser más de dos veces al mes.

Cuando puedo voy haciendo cursillos de lo que encuentro para ir reciclándome: de diseño gráfico, de programación, administración, contabilidad... ¡Lo que sea menos estar parada!

¿Y os pensáis que me aburro? ¡Nooooooo! De hecho, he tenido un verano bastante movidito, pues en julio di el gran paso: pasé de vivir bajo el techo de mis padres a tener mi propio techo. Pasé de tener la comida preparada cada día a tenerla que hacer yo. 

Vamos, que he pasado al #ModoMarujaON y durante estos 3 meses he aprendido unas cuantas cosas útiles:

• Ahora ya sé cocinar otras cosas que no sean raviolis con tomate y tortillas a la francesa, y lo mejor es que me gusta!

• También sé poner una lavadora, y que tender y plegar la ropa es un coñazo

• Sé que ir al Mercadona a las 12 del mediodía de un sábado es un suicidio. 

• Ir al IKEA es muy chuli y lo comprarías prácticamente todo, pero esa sonrisa se te quita cuando pasas por caja, aunque vuelve al comerte el frankfurt de 1€ con cebolla frita, ketchup y un vaso de ese líquido gaseoso de color y sabor indefinidos. 

• Si compras pollo, se tiene que comer antes de que caduque, o tu nevera se va a convertir en un hervidero de gremlins.

• Comer espinacas y cosas verdes y/o que salen de la tierra no mola.

Pero vamos, lo mejor de haberme independizado es haberlo hecho con ÉL, con esa personita tan especial que hace que quiera compartir mucho más que un techo. #ModoEmpalagosoOFF

De hecho, hay otra cosa que compartimos juntos y que os explico en breve ;-)

viernes, 20 de enero de 2012

Y el día más temido llegó

Sabía que tenía que pasar un día u otro, pero lo iba retrasando cada vez más, poniendo excusas:
"En verano paso, no podré tomar helados. Mejor en septiembre.
"Ahora en Septiembre tampoco, que acabo de empezar las clases y no puedo faltar ningún día.
"¡Para Navidad ni hablar! Me quedaré sin comer turrones y sin ponerme como una cerda de pavo. ¡Uy, no, no!
"Uy, ahora tampoco me va bien, eh? Una horda de zombies está invadiendo mi pueblo y mejor que no salga de casa.
Pero finalmente me armé de valor y la semana pasada, el viernes día 13 (para más inri) fui a ese lugar que acojona más que El Corte Inglés el primer día de Rebajas. Ese lugar donde entras con la boca desencajada y sales con la boca más desencajada aún. Ese lugar que te da escalofríos nada más de pensar en él. Ese lugar donde los seres que lo habitan te invitan a pasar y te sonríen perversamente detrás de esa mascarilla azul turquesa. Ese lugar donde puedes ver a otras almas en pena como tu cayendo en las garras de estos seres maléficos, uno a uno.

Si aún no lo habéis adivinado, es que no habéis leído estas dos entradas, así que ya estáis tardando!


Sí, señores. Después de tantos años, por fin me he atrevido. Pensaba que no lo haría nunca, pero me podía más el miedo a acabar como un puñetero castor, y como en mis planes de futuro no se contempla la posibilidad de trabajar de taladora de árboles con mis dientes delanteros, decidí dar el paso.

Así que a mediados de Diciembre fui a la clínica a pedir hora para la operación de muelas del juicio. Me recomendaron que me las hiciera de dos en dos, primero un lado y más adelante, el otro. Más que nada porque ya que se tienen que pasar unos días no muy agradables, que se haga en menos sesiones posibles. Dejaron pasar las fiestas de Navidad y me dieron cita para el viernes 13 de enero a las 11 de la mañana. 

Durante la semana estuve bien, pero el mismo viernes ya me levanté con pequeños retortijones y el corazón palpitando más rápido de lo normal. Fui al trabajo y, tal como me dijeron, a las 10 me tomé un Ibuprofeno con el desayuno. Los compañeros de trabajo, a parte de mirarme con cara de compasión cuando dije que iba a operarme, me metieron el miedo en el cuerpo diciendo que me iba a doler mucho, que iba a estar con la cara hinchada, teniendo que hacer reposo una semana. O sea, que las iba a pasar putas. Ya bastante acojonada que estaba, sólo me faltaba eso. Gracias, compañeros ¬¬

Por suerte recibí una llamada de mi madre y un par o tres de mensajes de mi novio dándome ánimos, cosa que me sirvió de mucho =)

Y llegó la hora. A las 11h estaba en la clínica. Me sentía como un cochinillo a punto de entrar en el matadero. Como un perrito cuando le dices: "¿Vamos a bañar?". Como Frodo delante de la Puerta Negra de Mordor. Como el cámara de Frank de la Jungla. Como los cajeros del IKEA un sábado por la tarde. Como la pareja de juego de Remedios Cervantes en un concurso de televisión. Como cuando un zombie viene corriendo a por ti. Como cuando te aparece un pantallazo azul en el ordenador. Como cuando no te funciona WhatsApp. Pero todo junto. Captáis la idea, no? Pues eso.

Tenía cita a las 11h, pero igualmente me invitaron a que me sentara y esperara. En aquella sala de espera de color naranja fosforito chillón, con dos fotos colgadas de niños lavándose los dientes y sonriendo maléficamente.

Y delante mío tenía el mueble que no puede faltar en ninguna sala de espera: la mesa infernal de las revistas. A ver qué hay... El Hola. Mierda. El Qué Me Dices. Mierda y media. Paso. Prefiero pasar los últimos momentos mordiéndome las uñas con la mirada perdida antes que ver una foto de la última rinoplastia de la Esteban.

Señor Juan, pase. Señora María, le toca. Pepito de los Palotes, su turno. Y así pasaron 45 minutos. Los 45 minutos más largos que he tenido, viendo como entraban y salían almas en pena de las consultas. 45 minutos oyendo el inquietante y terrorífico sonidito del torno de dentista. Inlcuso me parece oír los gritos de un pobre cochinillo:





Y yo, mientras, esperando cual preso en el corredor de la muerte. Llevo aquí 45 minutos pero da igual, vosotros a vuestro rollo. Total, me estoy quedando sin uñas, mi culito no puede estar más cerrao de lo que ya está, mi corazón está a punto de reventar y estoy por entrar en combustión espontánea, pero tranquilos que todo va bien.

Ahora sale un chico con cara de mala hostia y con una bolsa de hielo en la mejilla. Mierda. Seguro que a éste le han hecho lo mismo que a mi. Y no tiene muy buena cara. Qué asco esa babilla que le cuelga del labio inferior.

De repente, una cabeza flotante con gorro de cirujano aparece por detrás de la pared y una vocecilla dice las palabras mágicas:
"¿Anna? Ya puedes pasar.
Mierda. Mierda Mierda Mierda. 

En ese momento mi vida entera pasa por delante de mi como una presentación de Power Point, pero sin ositos. Sonrío lo mejor que puedo, aún teniendo la boca desencajada y los músculos de la cara paralizados. Parezco Chandler de Friends. Me levanto y acompaño al espectro vestido de azul turquesa por el pasillo hasta la cámara de gas, la segunda a mano izquierda. Me siento en la camilla infernal y me suelta:
"Qué, ¿como estamos? Muerta de miedo, ¿verdad?
Hombre, pues la verdad es que sí, no se lo voy a negar.

Hay que reconocer que la mujer es muy maja, antes de empezar se sienta y me explica lo que me va a hacer, lo que voy a sentir, etc. Me dice que ella no trabaja con dolor. En ese momento me acuerdo de Rocky Balboa y su "No Pain, No Pain!!!!". Ji ji ji. Me río. Risa nerviosa, sí.


Mientras me explica todo esto, otro de los espectros me sorprende por detrás y se abalanza sobre mi. Me coge de la cabeza y me tira del pelo!! Veo que con la otra mano sostiene una especie de bolsa azul. Seguro que quiere asfixiarme con ella. Ayuda, AYUDAAAAAAAAAAAh, no, espera. Es un gorro quirúrgico. Por higiene, dice. Uffff. No me déis estos sustos, hombre. 


Luego me saca una hoja y me dice que la firme. En ese momento me acuerdo de todas las series de médicos, en las que el doctor le da al paciente una autorización conforme le da permiso para abrirlo en canal y removerle bien las tripas. Bueno, vale, no pierdo nada. Rsrsrsrsrs. Plasmo mi firma.


Me acomodo en la silla. Tiran el respaldo hacia atrás. Se enciende la luz. 3, 2, 1... Empieza la masacre.


Después de 65436524 pinchazos de anestesia en la mandíbula inferior derecha,   parece que empiezo a notar algo. Mejor dicho, a no notar nada. Y en aquel momento veo pasar por delante de mis ojos el temido objeto. Ese objeto delicado pero puntiagudo y afilado. El objeto clave en toda operación. Así es: el bisturí. Ejem.... He dicho: 


EL BISTURÍ





Sí, esta misma cara es la que puse yo.


Si pensaba que no podía tener el culito más apretao, estaba equivocada. 


Abro la boca. De repente noto como el bisturí empieza a rajar la encía. Se supone que con los litros de anestesia que me han puesto no tendría que notar nada, así que levanto la mano. Milagro!! Me hacen caso y paran. Otros 568435 pinchazos. Ahora sí que no noto nada de nada. Ya me pueden descuartizar tranquilos, que no voy a quejarme.


La cirujana se ceba como nunca con el bisturí. Mientras tanto, el aspirador que llevo en la boca cada vez absorbe más y más sangre. Una sangre granate y espesa. Una vez acaba de rajarme toda la boca, saca el bisturí y con la ayuda de lo que parece ser un calzador, separa la mejilla. Seguidamente, mete una especie de destornillador justo en donde está la muela, y empieza a girar el mango. Cada giro que da es una presión bastante fuerte que siento en toda la parte inferior de la mandíbula. En ese momento no puedo evitar recordar alguna que otra escena de Saw.


¡Plop! Vaya, qué alivio. ¿Qué ha sido eso? Veo como coge las tenazas y sin hacer casi fuerza me sacan una pieza larga y sangrienta de la boca. Dios! ¿Eso es mi muela? Yo quiero verla luego!! Porfi, porfi, porfi!! 


Espera, que aún no han acabado. Ahora me ponen un par de puntitos. Qué agradable es tener un hilo de pescar de 2 metros saliéndote de la boca. Dar un par de vueltas más, cortan el hilo que sobra, y se acabó!


Siguen el mismo procedimiento para la muela superior. 64322 pinchazos de anestesia. Rajar la zona con el bisturí. Sacar la muela como si fuera un corcho de una botella de cava. Arrancarla con el fórceps. Poner los puntos. Meter un algodoncillo. ¡Y voilá!


3, 2, 1... Se apagan las luces. ¡Termina la función!





Pues no fue para tanto, ¡oye!


Después de la matanza, la cirujana se sentó y mientras sostenía un paquete de hielo en la mejilla, me explicó todo lo que tenía que hacer y tomar los próximos días.


Eso es:
  • Hielo en la mejilla durante todo el día. 
  • Ibuprofeno. 1 cada 8 horas. 5 días.
  • Amoxicilina. 1 cada 8 horas. 5 días.
  • Paracetamol. 1 cada 8 horas. 5 días.
  • Clorhexidina. 2 veces al día. 15 días.
Empastillada perdida, vamos. Entre esto, las pastillas para el corazón de mi tía y las pastillas de mi madre para la ciática, mi casa parecía el Pacha.

Ah, y tampoco podía escupir ni lavarme los dientes hasta el día siguiente. Para ir sacando la sangre, sólo había dos opciones: o tragármela o babear. Maravilloso. 


Por supuesto nada de comer sólidos, y solamente comida fría o tibia, nunca caliente.


Y ni hablar de hacer deporte durante 3 o 4 días. Mierda. Con el mono que tenía de Body Combat...

Al acabar, fui al mostrador de recepción. Se mostraron muy amables y me dijeron que para cualquier problema o duda, que les llamara. Qué buena gente, oye. Y qué atentos. Da gusto ir a un sitio como este y que te atiendan así de b...
Pues 312 €, por favor.
Serán hijos de *************!!!!!!!!!!!!


Así que salí de la consulta como si esos 300 € aún continuasen en mi cuenta, me despedí con un "grashlliashll" y fui directo a la farmacia a buscar todo el pastillamen.


Llegué a casa y lo primero que hice fue quitarme el algodoncillo lleno de babas y de sangre (siento ser tan gráfica, pero es lo que hay). Luego me tomé un paracetamol para el dolor, y me puse una bolsa de guisantes en la mejilla. No me miréis así, todos lo hemos hecho. Quién dice guisantes, dice una merluza o un filete de panga.



Lo mejor es que por la tarde había quedado con el churri, así que el pobre tuvo que aguantar mi cara de hamster y mi aliento a dentista. Sin olvidar el constante babeo de sangre como si fuera un zombie salido de The Walking Dead. Claro que teniendo en cuenta que nos conocimos en el foro de la serie, esto último fue algo simbólico. Verdad, cucurrucu???? xDDDD 


#ModoCursiOFF -_-

Total, y para terminar... 


Si alguien en mi misma situación ha venido a petar a este blog buscando información sobre la operación de muelas del juicio y no sabéis qué hacer porque estáis más acojonaos que los guardaespaldas de Justin Bieber (no me digáis que no, perras, que puedo ver las búsquedas de Google ¬¬), os diría que adelante.


Sí, acojona bastante porque al fin y al cabo no deja de ser una operación. De hecho, y a decir verdad, no paré de temblar y cada vez que veía el aspirador lleno de sangre, me daba un algo. Pero, en serio, no duele nada de nada. Sí que notaba como me rasgaban la encía y la presión posterior al sacar la muela, que quizás fue lo que más angustia me dio. También dolieron un poquitín los pinchazos de anestesia, sobretodo según la zona, pero se aguantaron bien.

¿Lo peor? Las horas siguientes a la extracción. Tuve que estar bastante rato con hielo en la mejilla para evitar que se me hinchara, pero aun así había ratos que parecía un hamster, y al día siguiente hubo quien me dijo que parecía que tuviera un Sugus en la boca ¬¬. Sí, sí... encima cachondeo...


Las heridas no pararon de sangrar, por lo que tuve ese saborcillo metálico en la boca todo el día. Además no podía escupir, de forma que la tenía que sorber y tragármela. Si me hubieseis visto... Estaba más mona...


A medida que se me fue pasando el efecto de la anestesia iba notando cada vez más molestias. Notaba como me tiraban los puntos y la zona donde estaba la muela inferior derecha me dolía cada vez más, por lo que tuve que empastillarme otra vez.


Los siguientes días mucho mejor, eso sí. Ya no dolía, pero con tanto punto parecía que tuviese un tropezón gigante atascado entre dos muelas. 


Hoy, por fin, me quitan los puntos. Espero que después de eso desaparezca ese regustillo raro que aún sigo notando en la boca.


Aún me quedarán las muelas de la parte izquierda, pero creo que será antes de lo que pensaba =)

jueves, 15 de septiembre de 2011

I'm back (again)!

29 de abril. Sí, lo sé, hace casi 5 meses que no actualizo el blog. Torturadme, si queréis. Enviadme una horda de zombies o de polillas. O mejor aún, enviadme a Bear Grylls con un gusano en la mano gritando: "¡Sabe a pus, sabe a pus!". Es lo que me merezco por haber dejado esto abandonado durante tanto tiempo.

Sé que es duro ir al baño y no tener ninguna entrada nueva de La Loca de Singapur para leer. Pero mira, siempre quedaran otras cosas para distraerse: ver caras en las baldosas del suelo, leer las etiquetas de los champús o de los prospectos de los medicamentos que guardáis en los cajones. Esto último es efectivo, ya que leer los efectos secundarios acojona bastante.

Bueno, total, a lo que iba, que me empiezo a ir por las ramas y al final acabaré publicando 5 entradas el mismo día hablando de mis idas de olla, que me conozco.

Si no he escrito durante estos meses ha sido porque empecé con algo que me ha tenido bastante entretenida, y con la cabeza en otro sitio. Es más, ni siquiera estaba inspirada para pegarme una sesión de fotos como las que hacía antes.

De hecho, este próximo lunes día 19 empiezo el Ciclo Formativo de Gráfica Publicitaria que tantas ganas tengo de hacer, del cual ya hablé aquí, así que estaré más ocupada aún. De todas formas intentaré encontrar huequecillos para ir actualizando el blog, ahora que he vuelto a empezar. No quiero que tengáis que conformaros con leer los prospectos de los medicamentos, y mucho menos que me enviéis al flipao de Bear Grylls

Como he dicho anteriormente, este verano ha sido entretenido y bastante movidito. De hecho, hacía tiempo que no pasaba un verano tan genial como este, sobretodo por las mini-vacaciones improvisadas de las que acabo de volver. Así que, aprovechando que aún lo tengo fresco, en la próxima entrada escribiré la reseña de este viajecito, documentándola con algunas de las fotos que hice.

Sí, será como una de esas situaciones en las que el típico amigo o compañero de trabajo plasta te engancha y te explica detalladamente todo el viaje, restregándote por la cara los sitios por los que ha pasado, los lugares en los que ha estado, los pedazo hoteles en los que se ha alojado, los almuerzos/cenas que se ha pegado y las borracheras que ha pillado, haciéndote tragar, como no, las 486312 fotos que ha hecho. Y mientras, tú, aguantando todo el chaparrón con tu mejor sonrisa Profident.

Pues aquí es exactamente igual, yo soy la colega plasta y vosotros sois esos seres indefensos a los que voy a hacer perder media hora de vuestras vidas escuchándome hablar de mis maravillosas vacaciones. La diferencia es que, en este caso, podéis huir de la tortura antes de que sea demasiado tarde, es lo que tiene el mundo 2.0.

Así que, ya sabéis, quedaos o huid. Aún estáis a tiempo.

Y bienvenidos de nuevo :-)

domingo, 27 de marzo de 2011

Carta a una polilla

Querida Larva de Polilla que se ha instalado en mi habitación:

No sé desde cuando llevas pegada a la pared, pero quería decirte que no te preocupes, que no tengo pensado hacerte daño mientras dure la metamorfosis. Ya es suficiente putada tener que arrastrarse enfundada en esta pelusa de ombligo. Tú haz, haz, sin prisa.

Sólo te pido una cosa. Cuando te hagas mayor y te conviertas en ese puto bicho con alas feo, repugnante y repulsivo, te agradecería que siguieras las siguientes normas de convivencia:

1. Los armarios de la cocina no son un buffet libre.

No, no me mires así. Ya sé que está lleno de comida y bebidas, pero eso no quiere decir que sea para ti y mucho menos que tengas derecho a restregar tus asquerosas alas peludas por todos los rincones. Que da mucho asco abrir la puerta del armario y encontrarse, no una, sino tres o cuatro compañeras tuyas revoloteando por ahí dentro. A vosotras quizá os parece un buen lugar para jugar al escondite. Lo entiendo, es un lugar oscuro lleno de cajas y rincones recónditos.
Uhhh, mira, qué divertido, jujuju, jajaja, ¡seguro que dentro del bote de Nesquik no me encuentran!
Pues que sepas que al menos una cincuentena de compañeras tuyas que entraron en este armario el verano pasado no volvieron a salir.

[Modo sádico ON]

Sí, no te imaginas la ilusión que me hacía abrir la puertecita y descubrir que cada vez había más y más polillas pegadas en la trampa adhesiva. No te imaginas el morbo que daba verlas agonizar y como me miraban suplicando que las ayudara, mientras yo las contemplaba comiendo galletitas saladas. Momentos como ese me hacían sentir como un Dexter en potencia

[Modo sádico OFF]

Evidentemente, también tienes prohibido acercarte a mis galletas, donuts, pastas y otras guarradas. Las tengo en un armario aparte, el escondite, como le llamo yo. Allí es donde guardo todas las golosinas dignas de comentarios del tipo: "Te popndrás como una vaca" o, dicho más sutilmente, "Muuuuuuuuuuu".

2. Nada de jugar a Susto o Muerte dentro de los paquetes de crispis.

También debe ser de lo más divertido criar como conejos dentro de los paquetes de crispis. Y sí, seguramente existen seres peculiares como Bear Grylls o Frank de la Jungla que saltarían de alegría pensando: "Mmmm ... ¡Proteínas!", pero el resto de mortales no nos hace puta gracia.

Que más de una vez he estado al borde de un ataque cardíaco cuando, al abrir el paquete casi nuevo y cerrado con una pinza, ha salido una polilla disparada al grito de "¡Freedooooom!". Entonces he acabado tirando todos los crispis en el suelo y me he ido cagando leches lo más lejos posible. Pero por si esto fuera poco humillante, siempre hay alguien que me ve correr por el pasillo con cara de camión y me pregunta:
¿Qué leches te pasa?
Y yo, para no quedar mal, siempre exagero un poco la situación:
¡Una polilla así de grande (indicando un tamaño de unos 7 cm con los dedos índice y pulgar) me ha atacado cuando me iba a hacer un bol de crispis con leche! ¡Un poco más y me entra por la boca, la muy guarra!

3. Mi taza de café con leche no es una piscina.

No me gusta nada levantarme por la mañana con cara de zombie y encontrarme con una de vosotras nadando felizmente dentro de mi taza de café con leche. Que, perdonad que os diga pero... Si no sabéis nadar, ¿qué leches (y nunca mejor dicho) hacéis ahí dentro? Lo hacéis sólo por joder, ¿no? Tenéis polillas kamikaze entrenadas exclusivamente para boicotearme el desayuno, ¿verdad?

4. El primo de Zumosol es bienvenido siempre y cuando esté dispuesto a hacerme de modelo para una sesión de necrofotografía.

Si, hombre, todas las polillitas pequeñas tiene un primo de Zumosol, aquel que se pasa todo el año comiendo como un cerdo, y cuando llega el verano, va de visita a la casa del pueblo.

Que yo estoy tan tranquila en mi casa y de golpe veo algo raro por el rabillo del ojo. Miro hacia arriba y veo una inmensa polilla negra de 5 cm de ancho por 7 de largo, allí, pegada a la pared. Me acojono y pego un salto del sofá como si hubiera visto un zombie hambriento viniendo hacia mí.

La gente normal cogería el periódico y PLAF. Pero yo, desde que tengo el objetivo macro, me interesa hacer fotos de bichos varios. Pero, ¿qué pasa? Que no paran de moverse y esto, junto con mi pulso de mierda, la foto no puede quedar bien de ninguna manera. Y como las polillas no entendéis nuestro idioma, no puedo deciros:
Oye, ¡haz el favor de estarte quieta! ¡Y sonríe, hostia, que esto no es un funeral! Va, que si te portas bien te etiquetaré en el Facebook. Venga, di: ¡naftaliiiiiiina!
Así que al final he llegado a la conclusión de que para poder hacer una foto en condiciones a una polilla, debe estar... ejem... cómo decirlo de una manera que no te ofenda... mmmm.... muerta. Pero no te preocupes, siempre procuro hacerlo de la mejor manera posible y sin que sufran.

[Modo Sádico: ON]

Primero las rocío con medio bote de Bloom. Cuando empiezan a volar como si se hubieran pasado toda la noche de botellón y finalmente caen al suelo, las recojo y las dejo agonizando dentro de un bote. Al día siguiente las clavo en una aguja y... que empiece el espectáculo.

[Modo Sádico: OFF]



Ahora que, bien pensado, no sé por qué te escribo estas líneas. Las polillas sois unos bichos feos, estúpidos e insignificantes y, además, no sabéis leer. Sólo sabéis incordiar y dar por saco.

Así que he pensado que como tú seguirás haciendo lo que te dé la gana, yo también.

PD: Por cierto, si ahora ves venir alguien con un periódico en la mano no te asustes.

Con cariño,

Anna

martes, 15 de febrero de 2011

I'm back!

Pues eso, que ya vuelvo a estar aquí. Me habéis echado de menos? Yo tampoco.

Hacía exactamente 4 meses que no actualizaba el blog. De hecho, la última entrada que escribí fue el 6 de octubre, más o menos cuando empecé a ir al gimnasio. Sí, al gimnasio, habéis oído bien. Pero de este fenómeno paranormal hablaré más tarde.

Ahora tiramos más atrás, hacia el mes de julio del año pasado. O sea que ya podéis empezar a temblar, porque pienso escribir todo lo que he hecho desde entonces. Pero aún estáis a tiempo de huir. Si no quiere perder el tiempo miserablemente escuchando las estupideces de una tía que no interesan a nadie, apagad el ordenador y escapad de esta tortura. Claro que por esta regla de tres, también se debería apagar la tele cada vez que sale Belén Esteban en Sálvame y, ya ves, cada p*** Viernes tiene récord de audiencia.

Por otra parte, si tenéis unas cuantas horas libres y no sabéis cómo malgastarlas, continuad leyendo. O poned Telecinco, total, ¿qué más da? Yo seguiré siendo pobre y los tertulianos de los programas de cotilleos que se creen periodistas cada vez estarán más y más forrados.

Uhhh... ehhh... qué manera de hacer propaganda de mi blog, ¿eh? xD Pero mira, si no despotrico de algo no soy yo... Además, ahora hacía mucho que no escribía, de algo me tenía que quejar, ¿no? ¿Y qué mejor que ensañarse con esta gentuza que lo único que hacen es decir gilipolleces, jalar como cerdos durante el programa y putearse los unos a los otros echándose comida por encima? ¡Valeeeeee, ya paro!

* Se toma un trankimazin *

Como empiezo a estar inspirada y presiento que esta entrada será la hostia de larga, he decidido dividirla en varias partes, de manera que no se hará tan cansina, ni para vosotros ni para mí (que, aunque no lo parezca, tengo una vida más allá de este estúpido blog, afbhñawsfhbwawa).

jueves, 16 de septiembre de 2010

Visita al matadero

Habéis visto The Ring? Sí, hombre, aquella película de terror que se centra en una misteriosa cinta de vídeo que, momentos después de verla, recibes una llamada de teléfono avisándote de que palmarás en una semana.





¿Os imagináis el mal rollo que te entra? ¿El mal trago que pasas durante toda esa semana, contando los días y las horas que faltan para irte al otro barrio? Y lo mejor peor de todo: pensando cómo será el gran momento. ¿Me caerá un piano de cola en la cabeza, en plan George Clooney? ¿Me atropellarà un bus conducido por un autobusero kamikaze que se salta las paradas y no se limpia las uñas? ¿Moriré asfixiada por el calor y los aromas sobaquiles dentro de un vagón de tren en dirección Barcelona a las 8 de la mañana? ¿Por sobredosis de Ibuprofeno? ¿Me atragantaré con un trozo de librito de lomo? ¿O quizás por un Actimel caducado?

Bueno, ejem... Como decía antes de dejarme llevar por esta... digamos... macabra emoción, pasados los 7 días, efectivamente, te sale una niña con el pelo grasiento de dentro del televisor y arrastrándose por el suelo de una manera extraña, te pega un grito y, ¡PUM! La espichas.

Pues bien, seguro que alguna vez en la vida, todos hemos recibido alguna llamada chunga que nos ha cortado la respiración. Llamadas que te hacen poner la piel de gallina, que hacen que te tiemble la voz y que te quedes pálido como un cadáver.

Todo empieza cuando estás en casa, tranquilamente acomodado en el sofá mirando la novela de la tarde. De repente, un sonido agudo e irritante resuena en el ambiente. Llaman al teléfono. Con mala hostia, te levantas del sofá despotricando, renegando y murmurando que estas no son horas de llamar, y menos en esta escena tan importante.
¡No se podían esperar hasta los anuncios, no! Tiene que ser ahora!
Te acercas al teléfono, miras la pantallita y como el número que aparece no parece sospechoso, levantas el auricular y te lo acercas al oído.
¿Diga?
No tardas en darte cuenta de que ha sido un grave error. Desde el otro lado del teléfono, una voz misteriosa suelta las palabras más terribles que un ser vivo puede escuchar nunca:
Buenas tardes. Llamamos de la clínica dental
Un escalofrío te recorre toda la espalda. En este momento te quedas paralizado, con los músculos rígidos y la mirada perdida. Piensas que tarde o temprano te tenía que tocar y que, si no es hoy, volverán a insistir la semana que viene, y la siguiente, y la siguiente...
Te recordamos que hace ya un año desde tu última visita, y ya toca una limpieza. ¿Qué día te iría bien?
Se regodean en sus sádicas palabras y tú, acojonado perdido, piensas en colgar el teléfono como un cobarde y continuar mirando la novela, como si nada hubiera pasado. Pero ellos insisten para que elijas una fecha. Finalmente, sin poder aguantar tanta presión, tragas saliva y, con la voz temblorosa, consigues pronunciar con un hilo de voz:
Cualquier día por la tarde me va bien...
Ya la has cagado. Te encasquetan la visita el próximo lunes a las 5 y media de la tarde, te dicen adiós y hasta el lunes.

¿Lunes? ¡Pero si sólo quedan 3 días! Apenas tendrás tiempo para despedirte de tu familia y de tus amigos.... Bien, no te entretendrás y te centrarás en la gente que vive en un radio de menos de 5 Km. A la gente que viva más lejos, ya les enviarás un mensaje por Facebook y, de paso, material de construcción para Farmville, que sino se enfadan.

Durante los 3 días siguientes te sientes como la protagonista de The Ring. Tanto, que incluso acabas por desear que se te aparezca la niña de los cabellos grasientos, te pegue un grito y se te lleve, a ver si termina este sufrimiento de una vez.

Finalmente llega el día, y sólo haces que repetirte:
Limpieza... Sólo es una limpieza... No duele... No duele nada...
Pero todos sabemos que esto es una táctica para que piques, vayas confiado pensando que no corres peligro, y en el último momento: ¡ZAS! Te sueltan la típica frase de:
Uiuiui... Este puntito negro tiene mala pinta...
Con lo que te secuestran media hora más para arreglarte "el puntito negro".

Total, que estás tan nervioso que te presentes media hora antes. Llamas al timbre y al cabo de unos momentos se te aparece un espectro con pijama de color azul turquesa, mascarilla y lo que parece ser un pequeño gancho entre las manos. La mascarilla le tapa casi toda la cara, pero puedes llegar a distinguir una pequeña sonrisa maléfica. Con un gesto de la mano que lleva el gancho y un extraño brillo en los ojos, te invita a entrar en sus aposentos mientras te dice:
Hola, buenas tardes. ¿Si puedes hacer el favor de esperar unos minutos? Te llamaremos en seguida.
Y tú empiezas a avanzar por el largo y sinuoso pasillo de 2 metros hasta que llegas a LA SALA. Abres la puerta y te encuentras con otras almas en pena que esperan, pacientes, a que les llegue el turno.

Entras en la sala y te sientas en la primera butaca vacía que ves. Piensas que con la media hora que te queda tendrás tiempo para tranquilizarte e ir haciéndote a la idea.

Y es que no hay nada más relajante que estar sentado en esa butaca de piel que es de todo menos cómoda, entre aquellas cuatro paredes blancas decoradas con dos cuadros de algo que se quiere parecer al cubismo, y una triste ventana que da a la calle.

De fondo se oye una lúgubre musiquilla con violines, proveniente de un viejo altavoz cutre y salchichero colgado de una de las esquinas de la pared.

Y en un rincón de la sala está el mueble que no puede faltar nunca en una sala de espera. Allí está. Quieta. Esperando. Acechando. Intentas no mirarla, pero sigue allí. Tiene un poder de atracción que hace que, aunque no quieras, te acabes acercando y haciendo uso de ella. Exacto. Se trata de la mesa telebrosa de las revistas. Aunque se han dado casos de mesas que tienen revistas de viajes o incluso de ciencia, la mayoría de ellas sólo existen para un sólo tipo de revistas: las del corazón.

Haces de tripas corazón y procuras no mirar la mesa ni las revistas directamente a las tapas. Así que te dedicas a mirar la rancia decoración de la sala. Te centras en los cuadros y, por más que te fijas, no acabas de ver qué es lo que tienen pintado. Luego te limitas a mirar las caras de las almas en pena que te acompañan. Las observas atentamente y en el fondo te alegras porque la mayoría hace más mala cara que tú, menos un niño recién salido de la escuela (lo delata la mochila de Hannah Montana), acompañado de su madre, y con un sonrisa de oreja a oreja.

De repente, el pomo gira y la puerta se abre lentamente, dejando ir un chirrido digno de un castillo encantado. Una cabeza flotante con mascarilla aparece por detrás de la puerta, y ves que recorre toda la sala con su mirada perturbadora. En este momento te sientes como en Frodo en la escena del Monte del Destino, y suplicas para que el Ojo de Sauron pase de largo. Por suerte, la cabeza flotante se dirige hacia el niño, que sale muy contento y risueño por la puerta. Que tú piensas:
Ay, chaval, que no sabes lo que te espera. Dentro de 10 minutos saldrás berreando y sangrando como un p*** cochinillo.
Y efectivamente. No pasan ni 5 minutos que empiezan a oírse ruiditos escalofriantes, llantos y gritos. Quien se ríe ahora, ¿eh? Eso te pasa por hartarse de Phoskitos, gofres y Ositos Lulu de esps. Esto sólo es un aviso. Como continúes así, pronto te tendrán que arrancar la dentadura de cuajo. Ya verás como no ríes tanto la próxima vez que vienes al dentista. Al dentista no se ríe. Al dentista se viene acojonado. Ellos tienen el poder y como te pases un pelo te pueden hacer muuuucho daño.

Al cabo de nada se vuelve a abrir la puerta y reaparece la cabeza flotante. Esta vez sí que ya no tienes escapatoria. Notas la mirada sombría del espectro clavada en tu cuero cabelludo. Tú no quieres levantar la cabeza, pero una fuerza exterior te obliga a hacerlo. Y el espectro te dice:
Ya puedes pasar. Hacia la sala de la izquierda, por favor.
¡Ah! ¡Que hay más de una sala! ¡Esto se avisa, hostiaaaaaa!

Esbozas una sonrisa, falsa a más no poder, devuelves el Cuore (que no sabes como ha llegado hasta tu regazo) a la mesa tenebrosa, coges tus cosas y sales por la puerta, no sin antes hacer una última ojeada a la sala de las almas en pena, entre las que ves miradas de lástima y compasión.

Tal como te ha indicado el espectro, te diriges hacia la sala de la izquierda. La sala mortuoria. Sólo entrar y ver todos aquellos aparatos, te empiezan a venir a la cabeza flashes con imágenes escalofriantes. Y allí está él. El ser más maligno de este clan. Está de espaldas a ti y sentado en una silla ergonómica con ruedas. Ya que hay que hacer sufrir a alguien, al menos hacerlo cómodamente, claro que sí. Está preparando su informe, no quieras saber de qué.

De pronto, el ser maligno se gira y extiende su mano, supuestamente como gesto de saludo. Le das un apretón y vuelves a sonreír falsamente. Lo empiezas a hacer bastante bien. Te dice que te sientes en la silla. ¡Ahhh, la silla!





Un mueble del que le salen todo de tubos y herramientas puntiagudas similares a las que utiliza un tatuador no puede ser muy bueno. Te sientas. Él viene rodando con la silla hasta tu lado mientras se calza los guantes de látex haciéndolos petar. Pulsa algunos botones de la silla hasta que quedas en posición horizontal. Un foco te ilumina. Empieza la función.

Te pide que abras la boca lo más posible, pero a ti te cuesta porque tienes la mandíbula pequeña. Con el gancho en la mano (esperas por tu bien que no sea el mismo que iba paseando el espectro del pijama azul) te lo mete en la boca y empieza a hurgar con la ayuda del espejito, mientras murmura lenguas muertas. Después coge una de las herramientas en forma de taladro que cuelga de un tubo y la activa. El extremo puntiagudo empieza a girar rápidamente sobre el esmalte de cada uno de tus dientes, haciendo el mismo ruido que un cochinillo en celo. Y no será porque te hayan perseguido muchos cochinillos en celo, pero te imaginas la escena y en ese momento te entran ganas de partirte de risa, pero no puedes porque tienes la boca llena de dedos de dentista, herramientas puntiagudas, tubos aspiradores y agua.

La verdad es que no notas casi nada, salvo una pequeña vibración. Incluso estás a punto de darle las gracias cuando te saca un trozo de butifarra de huevo que se te había quedado enganchada entre los incisivos dos días atrás.

De pronto, vuelve a hablar lenguas muertas. Intentas entender lo que dice, pero entre el ruido del aspirador y del cochinillo en celo, sólo consigues distinguir estas palabras:
Uiuiui... Este puntito negro tiene mala pinta...
Y ahora eres tú el que empiezas a sudar como un cerdo. Temes lo peor. De las 5 herramientas que hay colgadas en la silla, sólo ha utilizado dos. Las otras tres seguro que las reserva para casos terminales. Pero, para tu sorpresa, a continuación te dice:
Bah, pero es poca cosa. Lo arreglaremos un poco y lo iremos vigilando para que no se haga más grande.
Después coge otra herramienta con forma de lijadora, la unta de una pasta gris y asquerosa y... ¡Mmmmm! ¡Si tiene buen gusto y todo! ¡Y además es dulce! Aprovechas cuando él se gira para pasarte la lengua por los dientes untados de pasta y te comes un poco. ¡Es tan buena! Y además hoy no has merendado, con los nervios...

Entonces apaga el foco, vuelve a colocar tu silla en posición normal y llena un vaso de agua para hagas gárgaras. No haces gárgaras. Quieres quedarte con ese buen sabor hasta la hora de cenar. Coges tus cosas y sales de la sala (ya no tan) mortuoria.

Vas hacia el mostrador de recepción y en ese momento ves a otro paciente que sale de la sala de espera con cara de cordero degollado dirigiéndose hacia el matadero. Al cabo de un rato aparece la recepcionista, y te dice que ya te volverán a llamar para la próxima visita.

Estás contento. Tan acojonado que estabas y, ya ves, los 20 minutos que has estado en la sala mortuoria han pasado enseguida. Te pensabas que sería más grave, que te encontrarían un montón de caries y que se montaría allí la masacre del siglo: gritos, berridos, llantos, litros y litros de sangre esparcidos por el suelo, los ayudantes sujetándote en la silla y el dentista taladrándote la boca...

Por suerte, nada de eso ha pasado y tú sigues vivo. De todos modos, este lugar infernal aún te hace venir escalofríos, así que te dispones a marchar rápidamente, pero la recepcionista hace un gesto con la mano para que te detengas. ¿Qué quiere ahora?
Bueno, pues serán... 60 €, por favor :)
Y ahora sí que te acaban de matar.

sábado, 23 de enero de 2010

Perdida

Me encuentro en un prado. Está rodeado de árboles altos, verdes y espesos. Miro el cielo. Hace un día soleado y caluroso.

No sé dónde estoy ni cómo leches he llegado aquí, creo que me he perdido. De repente, oigo unas voces detrás mío. Me giro y veo un grupo de gente en una especie de campamento. Hay tiendas de campaña fabricadas con telas, lonas azules, troncos, trozos de madera y objetos metálicos. También hay una hoguera. La gente va arriba y abajo, cargando maletas y objetos personales. Parecen desconcertados. Parece que se han perdido, al igual que yo. No sé por qué, pero diría que todo esto me suena de algo.

De repente, alguien me llama. Me giro y veo a Jack Shephard (sí, el médico borracho de Lost) caminando hacia mí. Con él también hay Sawyer (baba) y el hobbit yonqui Charlie.
Anna! Vamos a explorar la zona. ¿Te apuntas? - Me dice Jack.
Y, claro, como que una no se estrella en la isla de Lost cada día y, mucho menos, le sale la oportunidad de ir a "explorar la zona" (o lo que sea) acompañada de Sawyer, pues digo que sí, evidentemente.


Dejamos atrás el campamento y nos adentramos en la selva. Caminamos durante un buen rato hasta que llegamos a un camino pedregoso que hace bajada. A nuestra izquierda hay selva, y a nuestra derecha un precipicio que te cagas, así que seguimos caminando.

Llegamos al final del camino, que queda cortado por un lago rodeado de paredes de roca escarpada y grandes rocas apiladas. La única forma de atravesarlo es escalar y saltar de roca en roca.

Justo antes de llegar al otro lado me viene a la mente un flash de apenas 3 segundos, (¡mira, como Desmond!), donde aparecen 3 hombres armados con cara de no haber tenido su momento All Bran durante días, situados encima de unas rocas muy parecidas a las que estamos atravesando en este momento. Pero pienso que son imaginaciones mías producidas por la deshidratación y el cansancio, y no le doy importancia.

No llegamos mucho más lejos, ya que se empieza a hacer tarde, y no nos gustaría encontrarnos en medio de la selva, de noche, y con Smokey jugando al escondite con nosotros.

Cuando llegamos otra vez al lago, hacemos el mismo recorrido que antes. Empezamos a escalar entre las rocas para rodearlo. Una vez estamos en el punto más alto (a unos 20 metros de altura, más o menos), Jack dice que tiene ganas de bañarse (manda coj****) y se lanza desde una roca. Sawyer, para no ser menos, se quita la camisa (baba + baba² * π + ∞) y también se tira de cabeza al agua, mientras el hobbit Charlie y yo nos quedamos sobre la roca, esperándoles.

De repente, veo 3 hombres desconocidos surgiendo de la selva y caminando hacia nuestra dirección. Acojonada, empiezo a bajar poco a poco por las rocas hasta donde está Sawyer, que todavía está nadando sin darse cuenta de nada, y le digo que los Otros vienen. Entro al agua y los dos nos escondemos en una pequeña gruta formada en la roca.

Desde nuestro escondite, llamo Charlie:
¡Tsssss! ¡Charlie, corre, baja y ven aquí antes que te vean! ¡Procura no hacer ruido!
Choff!

P*** hobbit...
Charlie se esconde. Los hombres, a orillas del lago nos buscan, como Robert De Niro buscando a su abogado en El Cabo del Miedo (¿¿Abogadooo?? ¡¡¡Abogadoooo!!! Sal, ratita, ¡quiero verte la colitaaaaa!).


Entonces, veo como Jack sale de su escondite y se dirige hacia ellos.
¡Está visto que el doctor quiere que lo maten! ¡Espera, que no morirás solo! - dice Sawyer
Sawyer, Charlie y yo salimos de la gruta y vamos a ayudar a Jack (maldita sea la vez que se le ocurrió la estúpida frase de Live Together, Die Alone). Cuando llegamos, vemos que el más corpulento de todos discute con Jack, por lo visto, quiere que le dé el arma, pero Jack no quiere y comienzan a gritar.


Uno de los hombres, nos apunta con un arma y grita:
¡Quietos! ¡Cómo mováis un solo pelo, os hago la raya en medio!
De repente, se oye un disparo. Sawyer ha sacado un arma que llevaba no me quiero ni imaginar dónde, y dispara al hombre corpulento, que del impacto de la bala choca contra la pared y cae al suelo. Los otros dos se acojonan.


Yo me acerco a uno de ellos e intento darle una buena hostia, pero fallo. Jack me coge del brazo y nos vamos corriendo. Entonces hay más disparos. Siento una especie de vibración que recorre todo mi cuerpo, pero yo, como buena compañera sensible y solidaria que soy, no paro de correr, ni siquiera para ver si Jack o Sawyer han caído en el suelo o están heridos. No. Yo pim pam, pim pam, y cuando llegue al campamento, si eso, ya les preguntaré si están bien (en caso de que no hayan caído en manos de los Otros).

Entonces, por fin, llegamos al campamento. Veo dos coches de los Mossos aparcados delante de una de las tiendas. Me acerco y, aún resoplando, les pregunto qué ha pasado.
Tranquila, ya los hemos atrapado... Emmm... Bueno, de hecho todavía no, estamos trabajando en ello, pero lo decía por quedar bien. Suerte que no os han herido.
De repente, Jack, que se encuentra a mi lado, se desploma en el suelo, herido. Entonces me miro y me doy cuenta que tengo toda la camiseta manchada de sangre, una de las balas me debe haber atravesado el abdomen y me estoy desangrando. Empiezo a marearme y me desmayo, mientras oigo la voz de Sawyer maldiciendo:

Son of a bitch!
Fundido en negro y... finalmente me despierto.




Sí, sí. Como lo oís. Toda esta historia que parece salida de un capítulo real de Lost, ha sido lo que he soñado esta noche. No sé si toda esta paranoia será fruto de las ganas que tengo de que empiece la sexta y última temporada de la serie (el próximo 2 de febrero), pero desde luego hacía tiempo que no soñaba algo tan surrealista como ésto (la última fue la historia del Ossito-come-bocatas, que podéis leer aquí), así que me he levantado a media noche, he cogido papel y boli, y me he apuntado todo para no olvidarme de ningún detalle. Así, una vez más, demuestro a mis (pocos) lectores que hago honor al nombre del blog.

Nota: No es que dude de la eficiencia, la profesionalidad y la calidad visual de los Mossos, por no hablar de la capacidad de aparecer allí donde menos se les espera más se les necesita, - quien dice a la isla de Lost, dice a la rotonda de Montgat a las 4 de la tarde - ¡todo lo contrario! Así que no tengo ni la menor idea de porqué han salido representados de esta manera tan... tan... Ehh... Uhh... Fundido en negro.

viernes, 23 de octubre de 2009

Eclipse

Miércoles, 14 de octubre.

Asignatura:
Imagen.

Ejercicio:
Dadas las siguientes imágenes contextualizadas en dos momentos históricos del cine y la ciencia, desarrolla un relato creativo - imaginativo a partir de una o todas ellas:


Viaje a la Luna, de George Méliès


El orbitador lunar LCROSS liberando un cohete contra la luna

Pa' cagarse.


Si fuera J.K. Rowling, a día de hoy ya tendría 1.500 folios de relato escritos por delante y por detrás, y se habrían rodado dos películas. Pero no lo soy. Y aunque no lo parezca, se me da mal inventar historias.

Así que, después de estar 5 días dándole vueltas al tarro, conseguí escribir algo medio decente. No muy largo, porque tampoco es plan de agobiar al profe con mis paranoias, al menos los primeros días de clase xD. Total, que me ha salido un pequeño relato de unas 3 páginas a Word en letra Verdana 10. Lo sé, no he estado muy inspirada...


¿Tiene algo que ver con las fotos? Mmm... no mucho. De hecho, se me ha ido la pinza completamente. Pero de eso se trata, ¿no? De que se te vaya la pinza y empieces a hacer algo así como escritura libre. Con suerte, escribes algo con sentido (o no), con lo que tienes material para publicar una saga de 30 libros sobre, pongamos un ejemplo así al tuntún, las aventuras de un joven mago. Y luego, ya si eso, te forras.


Hablando de írseme la pinza, ejem...


Pues nada, aquí tenéis mi
pequeño relato. ¡Espero que os guste! Y si no os gusta, ¡ajo y agua! Ejem... quiero decir... cualquier crítica es bienvenida xD.



ECLIPSE

Cuando sus padres le regalaron aquél telescopio el día de su cumpleaños, Marc se sintió el niño más feliz del mundo.

Ya desde pequeño le había fascinado el mundo de la astronomía, le encantaban los documentales sobre La Tierra y el Universo, y tenía las paredes de su habitación empapeladas con pósters y fotografías de astros, planetas y galaxias.


Cada viernes por la noche, Marc y su padre cargaban el telescopio en el maletero del coche y se dirigían a una pequeña colina situada a un par de kilómetros de su casa. Subían hasta la cima, dónde había un pequeño descampado desde donde se podía observar el cielo estrellado. La única ciudad quedaba a más de media hora de camino, y las luces del pequeño pueblo donde vivían no eran suficientes para ocultar el brillo de las estrellas.


Una vez en el descampado, montaban el telescopio y se quedaban allí durante horas y horas, contemplando el cielo, jugando a descubrir nuevas estrellas y constelaciones, e inventándose nombres para ellas.


Marc tenía una hermana pequeña, unos 5 años menor que él, se llamaba Marta. A ella no le gustaba acompañarles porque la Luna le daba miedo, sobretodo cuando estaba llena. Era tan grande, tan redonda y brillante... Sólo entonces podía verse su verdadera cara: dos ojos grandes y atemorizados, y una boca desencajada formaban una expresión de pánico y angustia que a Marta la aterrorizaba.

¡Eso son los cráteres, boba! – se burlaba su hermano.
Pero ella prefería quedarse en casa jugando con su colección de muñecas de trapo que su abuela le había regalado para Navidad. Las guardaba en un cofre en su habitación, junto con otros juguetes.
¡De lo que deberías tener miedo es de estas muñecas tan feas! ¡Parece que en cualquier momento van a ponerse a andar solas! – seguía burlándose Marc.
El próximo viernes sería un día muy especial, pues tendría lugar un eclipse lunar entre las 10 de la noche y la 1 de la madrugada. ¡Era perfecto! Marc ya había visto algún que otro eclipse lunar y solar, pero nunca con telescopio. Estaba muy contento, pues por fin podría ver de cerca uno de los fenómenos más espectaculares y bonitos que existen.

El día anterior, Marc y su padre fueron a comprar un filtro solar para poder ver el eclipse con total seguridad. Estaba tan emocionado que no pudo dormir en toda la noche pensando en ese momento.


Y llegó el gran día.


Durante las clases tenía la cabeza en otro sitio y no podía pensar en otra cosa.
Por la tarde, después de llegar del colegio, estaba tan cansado y tenía tanto sueño que decidió echarse al sofá a hacer una cabezadita.
No te preocupes. Tú duerme un rato y cuando sea la hora, te despertaré. – le dijo su padre.
Y así fue. Estuvo durmiendo toda la tarde, hasta sintió que alguien le tocaba el hombro y que una voz le susurraba:
¡Vamos, Marc, arriba! ¡Ya son las 10, el eclipse está a punto de empezar!
Ese día, el cielo estaba más despejado que nunca, así que decidieron quedarse y ver el eclipse todos juntos desde el jardín de su casa.

Todos menos su hermana, Marta, que no quería salir por nada del mundo, así que se quedó en la sala de estar mirando la tele. Desde donde estaba podía oír los gritos de entusiasmo de Marc, así que decidió sacar la cabeza, y lo que vio no le gustó nada. La luna estaba más grande que nunca, con esa expresión de terror, y con un tono rojizo que aún la hacía más aterradora.


Volvió a entrar en casa y continuó mirando la tele. De repente escuchó un ruido. Pensó que tal vez se habría caído alguna cosa en el pasillo, pero no le dio importancia. Otro ruido. Bajó el volumen de la tele y ésta vez escuchó unos pequeños golpes que provenían del piso de arriba.


Subió las escaleras y fue avanzando hasta que los golpes la guiaron hasta su habitación. No estaba segura, pero creyó que procedían del cofre de madera dónde guardaba sus juguetes. Escuchó más golpes, seguidos de arañazos y susurros. Parecía que alguien quisiera salir del cofre. De repente, la tapa se empezó a levantar muy lentamente y desde el interior, a través de la rendija, se iluminaron dos lucecitas rojas, como si fueran los ojos de un gato en la noche.


Se oyó un grito. Los padres de Marc entraron en la sala de estar para ver qué pasaba pero Marta no estaba allí. La buscaron por toda la casa pero no apareció. Desesperados, decidieron salir a la calle para encontrarla, mientras Marc se quedaba en casa por si volvía.


Absorto mirando a través del telescopio el eclipse que ya se terminaba, no se dio cuenta de que la puerta de entrada se abría sigilosamente dejando escapar un leve chirrido. Entonces, la puerta se cerró de golpe, y Marc, sin dejar de mirar por el telescopio dijo:

¿Ya estás aquí? Mamá y papá estaban muy asustados y han salido a buscarte fuera... Ya verás cuando vuelvan y se enteren que todo ha sido una broma. Creo que mañana alguien se va a quedar sin postre...
Pero nadie contestó. Entonces Marc se dio la vuelta y no vio nada. Estaba él solo en el jardín. Estaba todo oscuro y las únicas luces que había eran las de las farolas de la calle que sobresalían por encima de la verja de la casa.

De repente escuchó lo que pareció ser una risita. Pero seguía sin ver a nadie. Entonces se fijó en algo que había en el suelo, entre el césped. Se acercó y vio que era una de las muñecas de su hermana. La cogió y la observó: medía como unos 15 cm de alto, estaba hecha de trapo y cosida a mano. Su pelo estaba hecho de lana roja y llevaba trenzas. Sus ojos eran grandes y negros y su boca formaba una gran sonrisa. Llevaba un vestido también de color rojo e iba descalza.

Ufff... qué grima me da... ¡Marta! ¡Como no salgas ya, voy a lanzar tu preciosa muñeca al fuego! – dijo, y la dejó caer al suelo.
Mientras se dirigía hacia la entrada de su casa para buscar a su hermana, volvió a oír esa risita burlesca, casi maléfica. Se dio la vuelta pensando que tal vez había salido de su escondite, pero ésta vez tampoco vio nada.

Cuando se volvió para girar el pomo de la puerta, lo que vio le dejó paralizado. La muñeca que había tirado al suelo unos metros más allá, se encontraba en ese mismo momento sentada en el alfeizar de la ventana y apoyada contra el cristal. Sus ojos estaban iluminados de un color rojo y le miraban fijamente a él. Al menos eso le pareció.


Entonces, se dio cuenta de que del pequeño cinturón del vestido, le sobresalía un papel doblado, que parecía tener algo escrito. Tan rápido como pudo, cogió la nota y la abrió, y lo que leyó en ella lo dejó horrorizado.

Tu hermana no va a volver. En el próximo eclipse, tú serás el siguiente.
Tiró la nota al suelo, entró corriendo en casa y subió a su habitación. Cerró la puerta y se tumbó en su cama, temblando de miedo y llorando. Decidió quedarse allí hasta que volvieran sus padres. Entonces se dio cuenta de que estaba a oscuras y se levantó para encender la luz de la lámpara de su escritorio. Pero justo en ese momento, escuchó de nuevo la risita malvada, y vio que el pomo de la puerta empezaba a girar lentamente. La puerta se abrió con sigilo y, a través de la rendija pudo ver esos dos ojos rojos fijos en él.

Con horror, vio como los dos ojos avanzaban directo hacia él mientras la muñeca no paraba de soltar risitas, a cada cuál más malvada.


Tú serás el siguiente, tú serás el siguiente...


Esas palabras retumbaban en su mente. Cerró sus ojos lo más fuerte que pudo, como si de esa manera, la muñeca o lo que fuera que estaba a punto de atacarle, no pudiera hacerle daño.


Entonces, sintió que alguien le tocaba el hombro y que una voz le susurraba:

¡Vamos, Marc, arriba! ¡Ya son las 10, el eclipse está a punto de empezar!
Se despertó sobresaltado, en la sala de estar, tumbado en el sofá. ¡Había estado soñando! ¡Toda esa historia de la muñeca no era más que un absurdo sueño!

Se levantó de un salto, cruzó el salón y se dirigió hasta la puerta que daba al patio trasero. Antes de salir, le pareció oír una risa en su espalda. Se giró y vio a su hermana bajando de las escaleras. Sostenía algo entre sus manos: era una muñeca de trapo. Cabellos y vestido rojo. Ojos grandes y una boca sonriente.

- Ehh... uhh... ¿no vas a salir al jardín a ver el eclipse? Va a empezar ahora...
- No, prefiero quedarme en el salón viendo la tele.
- Como quieras...
Antes de irse, no pudo evitar echar otro vistazo, con cierto temor, a la muñeca de su hermana que se parecía tanto a la de su sueño. Pero rápidamente se dijo a sí mismo que era una tontería tener miedo de un simple juguete sin vida, y se volvió para dirigirse al jardín, no sin antes apreciar un misterioso y extraño brillo rojizo en los ojos de la muñeca, seguido de una risita sutil.

O al menos eso le pareció.




P.D.1: Ojo con el título del cuento. Más original imposible. Estoy por cambiarlo.

lunes, 31 de agosto de 2009

Sueños I - La Cabaña del Osito

Hace tiempo que no sueño nada por las noches. O al menos no lo recuerdo. Y es una lástima, porque casi siempre he tenido unos sueños bastante peculiares y surrealistas, y por la mañana los he recordado con todo detalle, como si fueran escenas de una película dirigida por el propio Tim Burton.

Es por ello que durante una temporada me fui apuntando lo que soñaba. Pensé que sería divertido y que más adelante me gustaría leerlo para descojonarme un rato.

Así que el otro día busqué el archivo de Word donde lo guardaba. En total hay 21 sueños ordenados por fecha, desde 2003 hasta el 2006 (después para que mi madre me diga que soy desordenada, tsss), o sea, muuucho material escrito.

Y si después de todo este rollo que os estoy metiendo, aún no sabéis dónde quiero ir a parar...

Así que pensé que sería una buena idea, esto de colgar mis sueños en el blog para que sepáis el tipo de pensamientos estrambóticos interesantes que pululan en mi cabeza cuando duermo. Y así también tengo un material extra que me servirá para cuando no tenga ni puta idea de lo que escribir, para qué engañarnos...

Bueno, empiezo...


LA CABAÑA DEL OSITO

La siguiente historia pasó la noche del 8 de abril de 2004. Yo me encontraba sola en medio del bosque. Debía ser por la noche porque el cielo estaba bastante oscuro. O eso o es que los árboles hacían una sombra de la hostia. Empecé a caminar sin rumbo por en medio de todos aquellos árboles altísimos, arbustos y matorrales. Traté de buscar alguna seta para restregárselo por la cara a mi padre cuando me despertara, pero no encontré ninguna.

Después de caminar unos cuantos metros, llegué a un claro en el bosque. En aquella zona, había varios rayos de sol que se colaban entre las espesas hojas de los árboles, e iluminaban una pequeña y vieja cabaña de madera. De hecho, ahora que lo pienso, esta cabaña tenía un parecido sorprendente a la
Cabaña de Jacob. Sí, la Cabaña de Jacob. Si no sabéis de qué hablo, mirad el capítulo 3x20 de LOST, titulado The Man Behind The Curtain. ¿Ya está? Ya puedo seguir? Pues venga.

Así que entré en aquella cabaña oscura, siniestra y abandonada, sabiendo que dentro me podía encontrar cualquier cosa horrible: un león sin dientes, Michael de LOST gritando WAAAAAALT, o aún peor: Carmen de Mairena en top less o Bear Grylls bebiéndose su propia orina de un envase hecho con piel de serpiente (muerta). Pero yo entré. Con dos cohone, como diría
Viggo Mortensen.

Pero una vez dentro, la cabaña no estaba tan mal. Nada más entrar, justo delante de mí había una especie de salita de estar, con un asiento y una mesita de madera. A mi izquierda había una pequeña cocina, con sus armarios, la encimera, un fregadero y una despensa.

Me acerqué a la cocina. Como tenía hambre pensé que quizás encontraría algo de comer. Justo cuando estaba abriendo uno de los armarios, una figura oscura atravesó el bosque. Giré la cabeza y, a través de la ventana, vi que era un oso pardo (a partir de ahora, Osito).

El Osito entró en la cabaña y se me quedó mirando fijamente con sus ojos de... oso. De repente, se puso de pie sobre sus patas traseras (si hubiera sido sobre las patas delanteras hubiera sido la hostia). Era más o menos de mi estatura, pero me pareció inmenso. El Osito dio un paso adelante. Yo me acojoné. El Osito se fue acercando a mí poco a poco hasta que lo tuve a medio metro de distancia, mientras él me miraba fijamente. Yo estaba paralizada.

Entonces, de repente, levantó la pata derecha (la delantera), y yo, en un acto reflejo, hice un gesto de apartarme para protegerme del ataque feroz de aquella bestia inmunda.

Pero el Osito apoyó su pata sobre mi cabeza y comenzó a acariciarla. Yo flipaba. El Osito sonreía.

Lo estuve observando durante un buen rato y no parecía tener muchas intenciones de querer arrancarme las piernas de un mordisco. Más bien estaba pendiente de otras cosas. Yo diría que estaba inquieto porque se habían quedado unos cuantos platos para lavar en el fregadero.

Yo tenía un hambre que me moría, y como me pareció que le había caído bien, le pedí amablemente:
¡Eh, tú, oso! Tengo hambre. ¡Prepárame un bocata!
Así que el Osito se dirigió hacia la despensa y cogió una barra de pan de chapata y un par de tomates de colgar. Después abrió un cajón del armario y sacó un cuchillo de sierra. Dejó las cosas sobre la encimera y empezó a cortar el pan para luego mojarlo con el tomate.

Yo, que no me podía creer la escena que estaba presenciando, saqué la cámara digital de no sé dónde, y encuadré para inmortalizar ese momento.
Osito, sonríe!
Y el Osito giró la cabeza, me miró y, con el cuchillo en la mano (perdón, en la pata), me sonrió de oreja a oreja.

Después de ese sueño nunca volví a ser la misma, y es que tengo esta última imagen grabada en el cerebro. Es horrible. Ahora en vez de contar ovejas para dormirme, cuento osos.
Si fuera la protagonista de El Sexto Sentido, mi frase lapidaria sería: "Sometimes I see bears".
Sólo de ver los reportajes de Bear Grylls se me pone la piel de gallina. Bueno, eso también puede ser debido a haberlo visto exprimiendo una mierda de vaca y bebiéndose el jugo. "Para no deshidratarse", dice... manda huevos...

Total, he pensado que, para terminar, una imagen vale más que mil palabras, así que, he intentado reproducir con la máxima fidelidad posible la escena que capté con la cámara. Esta podría ser una aproximación bastante real:


* Nótese el destello en la sonrisa del Osito. Siniestro, muy siniestro...