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viernes, 20 de enero de 2012

Y el día más temido llegó

Sabía que tenía que pasar un día u otro, pero lo iba retrasando cada vez más, poniendo excusas:
"En verano paso, no podré tomar helados. Mejor en septiembre.
"Ahora en Septiembre tampoco, que acabo de empezar las clases y no puedo faltar ningún día.
"¡Para Navidad ni hablar! Me quedaré sin comer turrones y sin ponerme como una cerda de pavo. ¡Uy, no, no!
"Uy, ahora tampoco me va bien, eh? Una horda de zombies está invadiendo mi pueblo y mejor que no salga de casa.
Pero finalmente me armé de valor y la semana pasada, el viernes día 13 (para más inri) fui a ese lugar que acojona más que El Corte Inglés el primer día de Rebajas. Ese lugar donde entras con la boca desencajada y sales con la boca más desencajada aún. Ese lugar que te da escalofríos nada más de pensar en él. Ese lugar donde los seres que lo habitan te invitan a pasar y te sonríen perversamente detrás de esa mascarilla azul turquesa. Ese lugar donde puedes ver a otras almas en pena como tu cayendo en las garras de estos seres maléficos, uno a uno.

Si aún no lo habéis adivinado, es que no habéis leído estas dos entradas, así que ya estáis tardando!


Sí, señores. Después de tantos años, por fin me he atrevido. Pensaba que no lo haría nunca, pero me podía más el miedo a acabar como un puñetero castor, y como en mis planes de futuro no se contempla la posibilidad de trabajar de taladora de árboles con mis dientes delanteros, decidí dar el paso.

Así que a mediados de Diciembre fui a la clínica a pedir hora para la operación de muelas del juicio. Me recomendaron que me las hiciera de dos en dos, primero un lado y más adelante, el otro. Más que nada porque ya que se tienen que pasar unos días no muy agradables, que se haga en menos sesiones posibles. Dejaron pasar las fiestas de Navidad y me dieron cita para el viernes 13 de enero a las 11 de la mañana. 

Durante la semana estuve bien, pero el mismo viernes ya me levanté con pequeños retortijones y el corazón palpitando más rápido de lo normal. Fui al trabajo y, tal como me dijeron, a las 10 me tomé un Ibuprofeno con el desayuno. Los compañeros de trabajo, a parte de mirarme con cara de compasión cuando dije que iba a operarme, me metieron el miedo en el cuerpo diciendo que me iba a doler mucho, que iba a estar con la cara hinchada, teniendo que hacer reposo una semana. O sea, que las iba a pasar putas. Ya bastante acojonada que estaba, sólo me faltaba eso. Gracias, compañeros ¬¬

Por suerte recibí una llamada de mi madre y un par o tres de mensajes de mi novio dándome ánimos, cosa que me sirvió de mucho =)

Y llegó la hora. A las 11h estaba en la clínica. Me sentía como un cochinillo a punto de entrar en el matadero. Como un perrito cuando le dices: "¿Vamos a bañar?". Como Frodo delante de la Puerta Negra de Mordor. Como el cámara de Frank de la Jungla. Como los cajeros del IKEA un sábado por la tarde. Como la pareja de juego de Remedios Cervantes en un concurso de televisión. Como cuando un zombie viene corriendo a por ti. Como cuando te aparece un pantallazo azul en el ordenador. Como cuando no te funciona WhatsApp. Pero todo junto. Captáis la idea, no? Pues eso.

Tenía cita a las 11h, pero igualmente me invitaron a que me sentara y esperara. En aquella sala de espera de color naranja fosforito chillón, con dos fotos colgadas de niños lavándose los dientes y sonriendo maléficamente.

Y delante mío tenía el mueble que no puede faltar en ninguna sala de espera: la mesa infernal de las revistas. A ver qué hay... El Hola. Mierda. El Qué Me Dices. Mierda y media. Paso. Prefiero pasar los últimos momentos mordiéndome las uñas con la mirada perdida antes que ver una foto de la última rinoplastia de la Esteban.

Señor Juan, pase. Señora María, le toca. Pepito de los Palotes, su turno. Y así pasaron 45 minutos. Los 45 minutos más largos que he tenido, viendo como entraban y salían almas en pena de las consultas. 45 minutos oyendo el inquietante y terrorífico sonidito del torno de dentista. Inlcuso me parece oír los gritos de un pobre cochinillo:





Y yo, mientras, esperando cual preso en el corredor de la muerte. Llevo aquí 45 minutos pero da igual, vosotros a vuestro rollo. Total, me estoy quedando sin uñas, mi culito no puede estar más cerrao de lo que ya está, mi corazón está a punto de reventar y estoy por entrar en combustión espontánea, pero tranquilos que todo va bien.

Ahora sale un chico con cara de mala hostia y con una bolsa de hielo en la mejilla. Mierda. Seguro que a éste le han hecho lo mismo que a mi. Y no tiene muy buena cara. Qué asco esa babilla que le cuelga del labio inferior.

De repente, una cabeza flotante con gorro de cirujano aparece por detrás de la pared y una vocecilla dice las palabras mágicas:
"¿Anna? Ya puedes pasar.
Mierda. Mierda Mierda Mierda. 

En ese momento mi vida entera pasa por delante de mi como una presentación de Power Point, pero sin ositos. Sonrío lo mejor que puedo, aún teniendo la boca desencajada y los músculos de la cara paralizados. Parezco Chandler de Friends. Me levanto y acompaño al espectro vestido de azul turquesa por el pasillo hasta la cámara de gas, la segunda a mano izquierda. Me siento en la camilla infernal y me suelta:
"Qué, ¿como estamos? Muerta de miedo, ¿verdad?
Hombre, pues la verdad es que sí, no se lo voy a negar.

Hay que reconocer que la mujer es muy maja, antes de empezar se sienta y me explica lo que me va a hacer, lo que voy a sentir, etc. Me dice que ella no trabaja con dolor. En ese momento me acuerdo de Rocky Balboa y su "No Pain, No Pain!!!!". Ji ji ji. Me río. Risa nerviosa, sí.


Mientras me explica todo esto, otro de los espectros me sorprende por detrás y se abalanza sobre mi. Me coge de la cabeza y me tira del pelo!! Veo que con la otra mano sostiene una especie de bolsa azul. Seguro que quiere asfixiarme con ella. Ayuda, AYUDAAAAAAAAAAAh, no, espera. Es un gorro quirúrgico. Por higiene, dice. Uffff. No me déis estos sustos, hombre. 


Luego me saca una hoja y me dice que la firme. En ese momento me acuerdo de todas las series de médicos, en las que el doctor le da al paciente una autorización conforme le da permiso para abrirlo en canal y removerle bien las tripas. Bueno, vale, no pierdo nada. Rsrsrsrsrs. Plasmo mi firma.


Me acomodo en la silla. Tiran el respaldo hacia atrás. Se enciende la luz. 3, 2, 1... Empieza la masacre.


Después de 65436524 pinchazos de anestesia en la mandíbula inferior derecha,   parece que empiezo a notar algo. Mejor dicho, a no notar nada. Y en aquel momento veo pasar por delante de mis ojos el temido objeto. Ese objeto delicado pero puntiagudo y afilado. El objeto clave en toda operación. Así es: el bisturí. Ejem.... He dicho: 


EL BISTURÍ





Sí, esta misma cara es la que puse yo.


Si pensaba que no podía tener el culito más apretao, estaba equivocada. 


Abro la boca. De repente noto como el bisturí empieza a rajar la encía. Se supone que con los litros de anestesia que me han puesto no tendría que notar nada, así que levanto la mano. Milagro!! Me hacen caso y paran. Otros 568435 pinchazos. Ahora sí que no noto nada de nada. Ya me pueden descuartizar tranquilos, que no voy a quejarme.


La cirujana se ceba como nunca con el bisturí. Mientras tanto, el aspirador que llevo en la boca cada vez absorbe más y más sangre. Una sangre granate y espesa. Una vez acaba de rajarme toda la boca, saca el bisturí y con la ayuda de lo que parece ser un calzador, separa la mejilla. Seguidamente, mete una especie de destornillador justo en donde está la muela, y empieza a girar el mango. Cada giro que da es una presión bastante fuerte que siento en toda la parte inferior de la mandíbula. En ese momento no puedo evitar recordar alguna que otra escena de Saw.


¡Plop! Vaya, qué alivio. ¿Qué ha sido eso? Veo como coge las tenazas y sin hacer casi fuerza me sacan una pieza larga y sangrienta de la boca. Dios! ¿Eso es mi muela? Yo quiero verla luego!! Porfi, porfi, porfi!! 


Espera, que aún no han acabado. Ahora me ponen un par de puntitos. Qué agradable es tener un hilo de pescar de 2 metros saliéndote de la boca. Dar un par de vueltas más, cortan el hilo que sobra, y se acabó!


Siguen el mismo procedimiento para la muela superior. 64322 pinchazos de anestesia. Rajar la zona con el bisturí. Sacar la muela como si fuera un corcho de una botella de cava. Arrancarla con el fórceps. Poner los puntos. Meter un algodoncillo. ¡Y voilá!


3, 2, 1... Se apagan las luces. ¡Termina la función!





Pues no fue para tanto, ¡oye!


Después de la matanza, la cirujana se sentó y mientras sostenía un paquete de hielo en la mejilla, me explicó todo lo que tenía que hacer y tomar los próximos días.


Eso es:
  • Hielo en la mejilla durante todo el día. 
  • Ibuprofeno. 1 cada 8 horas. 5 días.
  • Amoxicilina. 1 cada 8 horas. 5 días.
  • Paracetamol. 1 cada 8 horas. 5 días.
  • Clorhexidina. 2 veces al día. 15 días.
Empastillada perdida, vamos. Entre esto, las pastillas para el corazón de mi tía y las pastillas de mi madre para la ciática, mi casa parecía el Pacha.

Ah, y tampoco podía escupir ni lavarme los dientes hasta el día siguiente. Para ir sacando la sangre, sólo había dos opciones: o tragármela o babear. Maravilloso. 


Por supuesto nada de comer sólidos, y solamente comida fría o tibia, nunca caliente.


Y ni hablar de hacer deporte durante 3 o 4 días. Mierda. Con el mono que tenía de Body Combat...

Al acabar, fui al mostrador de recepción. Se mostraron muy amables y me dijeron que para cualquier problema o duda, que les llamara. Qué buena gente, oye. Y qué atentos. Da gusto ir a un sitio como este y que te atiendan así de b...
Pues 312 €, por favor.
Serán hijos de *************!!!!!!!!!!!!


Así que salí de la consulta como si esos 300 € aún continuasen en mi cuenta, me despedí con un "grashlliashll" y fui directo a la farmacia a buscar todo el pastillamen.


Llegué a casa y lo primero que hice fue quitarme el algodoncillo lleno de babas y de sangre (siento ser tan gráfica, pero es lo que hay). Luego me tomé un paracetamol para el dolor, y me puse una bolsa de guisantes en la mejilla. No me miréis así, todos lo hemos hecho. Quién dice guisantes, dice una merluza o un filete de panga.



Lo mejor es que por la tarde había quedado con el churri, así que el pobre tuvo que aguantar mi cara de hamster y mi aliento a dentista. Sin olvidar el constante babeo de sangre como si fuera un zombie salido de The Walking Dead. Claro que teniendo en cuenta que nos conocimos en el foro de la serie, esto último fue algo simbólico. Verdad, cucurrucu???? xDDDD 


#ModoCursiOFF -_-

Total, y para terminar... 


Si alguien en mi misma situación ha venido a petar a este blog buscando información sobre la operación de muelas del juicio y no sabéis qué hacer porque estáis más acojonaos que los guardaespaldas de Justin Bieber (no me digáis que no, perras, que puedo ver las búsquedas de Google ¬¬), os diría que adelante.


Sí, acojona bastante porque al fin y al cabo no deja de ser una operación. De hecho, y a decir verdad, no paré de temblar y cada vez que veía el aspirador lleno de sangre, me daba un algo. Pero, en serio, no duele nada de nada. Sí que notaba como me rasgaban la encía y la presión posterior al sacar la muela, que quizás fue lo que más angustia me dio. También dolieron un poquitín los pinchazos de anestesia, sobretodo según la zona, pero se aguantaron bien.

¿Lo peor? Las horas siguientes a la extracción. Tuve que estar bastante rato con hielo en la mejilla para evitar que se me hinchara, pero aun así había ratos que parecía un hamster, y al día siguiente hubo quien me dijo que parecía que tuviera un Sugus en la boca ¬¬. Sí, sí... encima cachondeo...


Las heridas no pararon de sangrar, por lo que tuve ese saborcillo metálico en la boca todo el día. Además no podía escupir, de forma que la tenía que sorber y tragármela. Si me hubieseis visto... Estaba más mona...


A medida que se me fue pasando el efecto de la anestesia iba notando cada vez más molestias. Notaba como me tiraban los puntos y la zona donde estaba la muela inferior derecha me dolía cada vez más, por lo que tuve que empastillarme otra vez.


Los siguientes días mucho mejor, eso sí. Ya no dolía, pero con tanto punto parecía que tuviese un tropezón gigante atascado entre dos muelas. 


Hoy, por fin, me quitan los puntos. Espero que después de eso desaparezca ese regustillo raro que aún sigo notando en la boca.


Aún me quedarán las muelas de la parte izquierda, pero creo que será antes de lo que pensaba =)

miércoles, 16 de febrero de 2011

London, here I go again!

Pues sí.

No hacía ni un año que había ido por primera vez a Londres y ya volvía a ir. De hecho AQUÍ tenéis la entrada que publiqué explicando la crónica del viaje. Por cierto, me acabo de dar cuenta que sólo escribí acerca del primer día, o sea que todavía me falta todo lo demás... Pero a estas alturas, ¿qué más da? xD

Total, la idea de volver fue porque una amiga mía está viviendo allí y nos invitó a mí ya otra amiga a pasar unos días.

Salimos del Aeropuerto de El Prat el viernes 21 de enero y volvimos el domingo 23. Nos tocó salir de la Terminal 2, la más antigua. Se ve que en esta terminal sólo se han quedado las compañías chungas de bajo coste. Y la verdad es que se notaba una barbaridad: estaba vacía, casi no había nadie por los pasillos y las tiendas estaban todas cerradas. Nos tocó recorrer toda la terminal de una punta a la otra nosotras dos solas. Estaba desértica. Parecía una peli de terror. No me hubiera extrañado que en cualquier momento hubiera aparecido un zombie por allí en medio.

Llegamos a la sala de espera una hora antes que se abrieran las puertas para embarcar. Supongo que para hacer más entretenida la espera había un par o tres de personas haciendo encuestas. A mí me tocó un hombre que me preguntó sobre el estado del aeropuerto, y una de las primeras preguntas que me hizo fue:
¿Qué le han parecido las tiendas?
Esta es una aproximación de la cara que se me quedó después de oír esa estúpida pregunta:


Al contrario que la primera vez, esta vez nos tocó volar con EasyJet, en vez de Ryanair. Todavía no habíamos ni despegado que mi amiga ya estaba con el cuello inhumanamente dislocado y durmiendo como un tronco. Justo en medio vuelo hubo turbulencias. Está bien un poco de emoción, ¡pero tampoco hay que pasarse! Me pasé los dos minutos que duraron los temblores agarrada a los reposabrazos de los asientos como si no hubiera mañana.

Por suerte, el piloto tuvo la amabilidad de decirnos que acabábamos de atravesar una zona de turbulencias, pero que just relax. Ah, vale, ¡gracias! ¡Si no llega a ser por tu aviso, ni me habría dado cuenta! Pero la próxima vez avisa antes, porque estuve a punto de sufrir una combustión espontánea allí en medio y liarla bien parda.

Aterrizamos a las 15h en el Aeropuerto de Gatwick. Recuerdo que después de caminar kilómetros y kilómetros a través de los pasillos del aeropuerto, teníamos la esperanza de que llegaríamos directamente a Londres sin tener que coger el Gatwick Express. Pero no. Tuvimos que coger una lanzadera hasta la terminal norte, y después el tren hasta el centro.

Llegamos a Victoria sobre las 16h, donde nuestra amiga nos esperaba, y luego cogimos el metro hasta su barrio, Hornsey, al norte de la ciudad y a unos 20 minutos del centro. Dimos una vuelta por el barrio y luego volvimos al centro, a ver Picadilly Circus y Trafalgar Square.



Típica foto guiri, en Picadilly Circus.


Para cenar fuimos a China Town. Nos gustó tanto la última vez que fuimos, que decidimos volver. La comida que te sirven no tiene nada que ver con los restaurantes chinos rollo "La Muralla Feliz" que corren por aquí. Nada de pollo con almendras, cerdo agridulce, ternera con bambú y pan de gambas rancio.




Delante del restaurante donde cenamos, con los típicos patos colgados de los huevos, que luego nos comimos. Entrañable.


Después de cenar, estábamos tan cansadas que en vez de salir a tomar una copa, nos fuimos a dormir, como las abuelitas. Además, al día siguiente nos teníamos que levantar temprano porque otra amiga se había ofrecido a llevarnos en coche a las afueras de Londres. Ella vive en Richmond y nos teníamos que encontrar allí. Richmond está en la otra punta de la ciudad, y teníamos una hora de trayecto en metro.



A la mañana siguiente a las 7 ya estábamos en pie. Mi amiga tuvo el gusto de conocer uno de los otros inquilinos de la casa, una pequeña cucaracha que pulullaba por el lavabo de 1m² que teníamos al lado de la habitación. Cuando fui yo, toda ilusionada para conocerla, ya no estaba. Senté el culo en la taza intentando no imaginarme por dónde estaría pululando en ese momento.

Bajamos a la cocina a hacernos el desayuno (un bocadillo de Bimbo con jamón dulce y queso y un capuccino de sobre), y a las 9h salimos de casa camino del metro. A las 10h estábamos frente a la estación de tren de Richmond esperando a que la amiga nos viniera a recoger en coche. Justo en ese momento comenzó a llover. ¡Perfecto!

Decidimos ir hasta Windsor. En tres cuartos de hora llegamos, aparcamos el coche en uno de los muchos parkings que había (no muy baratos, por cierto) y salimos a recorrer todo el perímetro del castillo. En aquel intervalo de tiempo apareció el sol y se nubló para volver a llover unas dos o tres veces. Sí, el tiempo de Londres está como una p*** cabra.

Antes, sin embargo, entramos a una cafetería a tomar un café de verdad, ya que todas llevábamos una cara de zombies que no nos la aguantábamos. Después fuimos hacia el centro comercial. Me recordó mucho a La Roca Village. Lleno de tiendas de marca y bastante osea, todo dispuesto de manera como si fuera un pequeño pueblo. ¡Muy chulo!




Castillo de Windsor.


Hacia las 14h fuimos a comer y luego cogimos el coche para volver. La amiga nos volvió a dejar en Richmond y desde allí cogimos el metro hasta el centro, esta vez para ver Oxford Street. Es como una calle Pelayo, pero a lo bestia. Recorrimos la calle de arriba a abajo hasta la hora de cenar, donde volvimos a China Town. Esta vez nos pedimos un bol de fideos con tropezones cada una, que no nos pudimos terminar porque aquello no era un bol, era una ensaladera. Al acabar, tampoco teníamos ganas de salir de fiesta, así que a las 12 de la noche corrimos a coger el último metro para volver a casa.

El domingo también nos levantamos temprano. El último día tocaba visitar Camden Town. Cogimos el bus (una vez que cogemos uno en Londres y resultó ser un bus normal y corriente, nada de los típicos buses ingleses rojos de dos pisos).

Además, por si no hubiera sido suficiente viajar durante media hora a través de calles llenas de baches, el autobusero conducía como el culo. Que estuve a punto de ponerme yo al volante y todo. El único coche que he conducido ha sido con el GTA, pero no hubiera sido nada comparado con los frenazos que metía ese animal!


* Se toma un trankimazin *

Llegamos a las 10 de la mañana y estuvimos un par de horas paseando por el mercado, pero yo me habría pasado allí todo el día. Recorrimos la calle principal y después nos desviamos hacia Camden Stables, la parte más grande del mercado que fue construida sobre los antiguos establos.




A la orilla del río, en Camden Town.




Devorada por un feroz león, en Camden Town.

Después de terminar de ver los establos y de que mi amiga sucumbiera a la tentación y se comprara unas botas a una de las muchas zapaterías de la calle principal, nos dirigimos a la parada del bus para volver a casa a recoger las maletas y salir hacia el aeropuerto.

Nuestro vuelo salía a las 17h, pero queríamos ir con calma y llegar bastante temprano al aeropuerto para tener tiempo de comer antes de tomar el avión. Fuimos al mismo pub-restaurante de la última vez, The Flying Horse, si no recuerdo mal. Yo elegí uno de los platos típicos ingleses: salchichas con salsa acompañadas de puré de patata y guisantes. No hace falta decir que la mitad de aquellas bolitas verdes y asquerosas las dejé, ¡evidentemente! ¡Tsss!

Nuestro avión salió con algo de retraso, pero a las 20h ya habíamos aterrizado en Girona. El vuelo de regreso se me hizo realmente corto, más que nada porque esta vez sí que me dormí, a pesar de las constantes interrupciones de la tripulación ofreciendo regalos, boletos de lotería, cigarros electrónicos y demás gilipolleces similares que no interesan a nadie, por no hablar del ruido perturbador de los motores y del resto de pasajeros comiendo como cerdos. Pero aún así fue un vuelo agradable.

A ver cuál será nuestro próximo destino. ¿Sugerencias? =)

¡Manda huevos!

Por dónde íbamos? Ah, sí! Pues bien, después de estar dos años en paro, un buen día de julio me llamaron. No una, ni dos veces, no. Tres! O sea... en dos puñeteros años nadie se dignó a llamarme, y en menos de dos semanas se me presentaron tres ofertas de trabajo! ¡Manda huevos! (de ahí el título de la entrada)

Recuerdo que la primera llamada fue del Ayuntamiento de un pueblo cercano al mío. Se había puesto en marcha un nuevo Plan de Empleo, y se estaban poniendo en contacto con todos los pringaos parados para hacerles una prueba y una entrevista. A mí me seleccionaron para la categoría de Programadora. No tenía nada que perder, así que me presenté a la prueba, que era dentro de dos días a las 4 de la tarde.

No podía ser a las 9 de la mañana, nooo. Tenían que hacer la prueba a las 4 de la tarde, con la comida en la garganta y a la hora de la novela (que por aquellas fechas ya no la hacían, pero sigue siendo La Hora de la Novela). Media hora caminando bajo el sol abrasador del mes de julio, y por una calle que, no es que hiciera subida... Es que un poco más y tengo que coger el piolet y los crampones como Jesús Calleja para poder llegar.

Total, que llegué jadeando (en aquel entonces aún no iba al gimnasio) y sudando como una cerda. Cuando ya estuvimos todos (serían unos 30 aspirantes en total, y yo era la única chica... Ah, no, espera, había una súper-divina-osea-de-la-muerte, que se las piró a media prueba diciendo que eso no era pa'ella).

Al cabo de un par de días me volvieron a llamar para hacer la entrevista. Las entrevistadoras eran dos chicas, una era simpática y la otra... bueno, digamos que ese día no había tenido su momento All Bran. Todo iba muy bien hasta que la simpática me hizo una pregunta práctica. Lo sabía perfectamente, pero en ese momento me quedé como Belén Esteban cuando le preguntan la tabla de multiplicar: me bloqueé y empecé a desbarrar.

Pero antes de cagarla más paré y volví a empezar desde el principio, con la consecuente cara de paciencia de la señora All Bran.

Después me hablaron del horario. Me dijeron que seguramente sería de 9 a 14, y me preguntaron si tenía ningún inconveniente. Les dije que me había matriculado para hacer un Ciclo Formativo de Diseño Gráfico y que me coincidía con el horario, y que me iría mejor que fuera por la tarde. La señora All Bran me miró con más cara de asco que nunca y me preguntó:
O sea que das más prioridad a los estudios que en el trabajo que te estamos ofreciendo?
Y yo, ni corta ni perezosa, dije:
Pozí
Esto fue un "Zas, en toda la boca". ¡Pero la poker face que se le quedó a la entrevistadora no tuvo precio!

El lunes de la semana siguiente me volvieron a llamar. Esta vez era del Ayuntamiento de Premià de Mar, donde vivo. También estaban organizando un Plan de Empleo y tenían que contratar casi 50 personas. Habían contactado conmigo para que cubriera también un puesto de Programadora. Tenía una entrevista el día siguiente, y la verdad es que me fue bastante bien.

Eso sí, los próximos días me pasé fatal. No es que quisiera ir de sobrada pero, ¿y si me seleccionaban en los dos ayntamientos? ¡No sabría qué elegir! Por suerte sólo tuve que esperar hasta el viernes (justo cuando salían los otros resultados). Llegan a tardar un poco más y esa perturbación habría acabado conmigo.

Y por fin llegó el viernes. Me dijeron que los resultados saldrían a través de la web, así que me pasé toda la mañana delante de la pantalla del ordenador, con los ojos inyectados en sangre, espuma en la boca y dándole a F5 cada 10 minutos.

Y así me lo pasé hasta el mediodía. A punto de entrar en combustión espontánea, abrí el PDF con el listado de los seleccionados, y entre los 50 DNIs, estaba el mío. Había conseguido el trabajo. Pero me quedó la misma cara que cuando se acabó LOST.

Por un lado estaba contenta, pero por otro me estaba cagando en todo (y sin necesidad de tomar All Bran). Hacía dos años que estaba en paro y, viendo que no encontraba trabajo de informática, decidí ponerme a estudiar diseño. Aunque no hacía ni dos meses que había superado la Prueba de Acceso, y que me había matriculado en un centro para estudiar Diseño Gráfico. Y ahora había encontrado un trabajo de lo que había estado buscando durante meses, y que coincidía con los horarios de los estudios. O sea que tenía que elegir y rápido, porque teníamos que comenzar el 15 de julio.

Después de estar todo el fin de semana dándole vueltas al tarro, decidí aceptar el trabajo. Una oportunidad así no se me volvería a presentar y el curso lo podría comenzar el próximo año.

Lo mejor de todo es que el mismo lunes me llamaron del otro Ayuntamiento diciéndome que me habían seleccionado. Pero ya había aceptado, e incluso había llevado la documentación que necesitaban para prepararme el contrato, o sea que les tuve que decir que no.

Puto Murphy y su Ley de los huevos!!!!!

* Se toma un trankimazin *



Hoy hace un mes justo que se me acabó el contrato, ya que sólo era por 6 meses. Pero ha sido medio año muy bien aprovechado. He aprendido mucho, he podido poner en práctica los conocimientos que tenía sobre Access y Visual Basic, ¡y ahora mi currículum ocupa media página más!

En parte es por eso que he dejado esto un poco abandonado. Me pasaba 5 horas seguidas delante del ordenador y lo último que quería era pasarme 5 más escribiendo gilipolleces en el blog.

¡Pero ahora he vuelto! ¡Temblad, malditos! ¡¡¡Muahahahahahaha!!!

martes, 15 de febrero de 2011

I'm back!

Pues eso, que ya vuelvo a estar aquí. Me habéis echado de menos? Yo tampoco.

Hacía exactamente 4 meses que no actualizaba el blog. De hecho, la última entrada que escribí fue el 6 de octubre, más o menos cuando empecé a ir al gimnasio. Sí, al gimnasio, habéis oído bien. Pero de este fenómeno paranormal hablaré más tarde.

Ahora tiramos más atrás, hacia el mes de julio del año pasado. O sea que ya podéis empezar a temblar, porque pienso escribir todo lo que he hecho desde entonces. Pero aún estáis a tiempo de huir. Si no quiere perder el tiempo miserablemente escuchando las estupideces de una tía que no interesan a nadie, apagad el ordenador y escapad de esta tortura. Claro que por esta regla de tres, también se debería apagar la tele cada vez que sale Belén Esteban en Sálvame y, ya ves, cada p*** Viernes tiene récord de audiencia.

Por otra parte, si tenéis unas cuantas horas libres y no sabéis cómo malgastarlas, continuad leyendo. O poned Telecinco, total, ¿qué más da? Yo seguiré siendo pobre y los tertulianos de los programas de cotilleos que se creen periodistas cada vez estarán más y más forrados.

Uhhh... ehhh... qué manera de hacer propaganda de mi blog, ¿eh? xD Pero mira, si no despotrico de algo no soy yo... Además, ahora hacía mucho que no escribía, de algo me tenía que quejar, ¿no? ¿Y qué mejor que ensañarse con esta gentuza que lo único que hacen es decir gilipolleces, jalar como cerdos durante el programa y putearse los unos a los otros echándose comida por encima? ¡Valeeeeee, ya paro!

* Se toma un trankimazin *

Como empiezo a estar inspirada y presiento que esta entrada será la hostia de larga, he decidido dividirla en varias partes, de manera que no se hará tan cansina, ni para vosotros ni para mí (que, aunque no lo parezca, tengo una vida más allá de este estúpido blog, afbhñawsfhbwawa).